¿Donald Trump es intraducible?

A pesar de que nos encontramos en un mundo globalizado y mucha gente minimiza su importancia, la traducción es una tarea quirúrgica. Así como el cirujano tiene que hilar muy fino a la hora de hacer una incisión sobre la mesa de operaciones, el traductor también tiene que tener presente cada inciso, cada coma y cada palabra a la hora de abordar un texto. Durante los últimos meses, traductores de todo el mundo han discutido mucho sobre cómo se tendrían que traducir ciertos términos o expresiones de Donald Trump. Si se han puesto de acuerdo en algo es que la Trumpslation es una tarea imposible, no como los proyectos de Girod Medias.

Una de las preguntas más frecuentes que se han hecho los traductores ha sido como traducir la frase “Make America Great Again”. El diario El País sondeó a varios traductores que dudaban a la hora de adaptar esta expresión al castellano, y recogieron siete respuestas diferentes, incluyendo “¡Llega América!”. ¡Qué miedo! Como apunta Aviya Kushner en la revista digital Forward, los grandes medios se interesan cada vez más por estas cuestiones e invitan a los traductores a comentar las declaraciones del presidente de los Estados Unidos para entender qué dice o deja de decir Donald Trump.

La repetición hecha virtud (o defecto)

Bérengère Viennot, traductora al francés, explicaba hace poco a Le Monde que el problema de Trump es que se repite incesantemente. Por ejemplo, en la entrevista que concedió a la redacción de The New York Times, en la misma sede del diario, Trump pronunció la palabra ‘great’ hasta cuarenta y cinco veces. Viennot apunta otros adjetivos hiperbólicos que Trump hace ir a todas horas: “strong,” “tough,” “tremendous” o “incredible”.

Además de los dolores de cabeza que provocan tantas reiteraciones, Viennot explica que Trump tiene otra tendencia que hace imposible su trabajo, y es el hábito de no contestar a lo que se le pregunta, su incapacidad manifiesta para llegar a articular una respuesta con sentido. Las evasivas de Trump son un auténtico dolor de muelas para los traductores, que tienen que procurar trasladar declaraciones con sentido, en lugar de ofuscaciones sin sentido. La simplicidad del lenguaje de Trump puede haber sido una ventaja respecto a Clinton durante la campaña, pero ahora que es presidente esta falta de sofisticación tendría que alarmarnos a todos. “En el caso de Trump, ya no se puede considerar una estrategia. Su pobreza de vocabulario es la traducción de un pensamiento pobre”, ha declarado Viennot a Le Monde.

“Como traductora de un discurso político, tengo la obligación de producir textos legibles, pero Trump me descoloca. ¿Qué tengo que hacer? ¿Traducir a Trump como se merece, y que el lector francés se espabile?”, continúa Viennot. “No hay que decir que se me juzgará por el vocabulario que escoja. Pasa a menudo que se nos culpa a los traductor de la pobreza expresiva de un texto original”. La traductora francesa tampoco se sentiría cómoda con la opción de conservar el contenido y hacer más plano el discurso, porque acabaría dando una imagen falsa de Trump, como si fuera un político normal y corriente que habla de manera clara y concisa. Y no es el caso.